
Jorge Restrepo: De la Galería Nacional de Arte al Mayoreo
Por Carlos A. Lanza
11 de octubre de 2005
En el año 2002, mientras observaba distraídamente las obras de la Antología Hondureña de las Artes Plásticas, en la Galería Nacional de Arte, me sorprendió el trabajo artístico de dos obras de corte expresionista que se titulaban: “Viajeros” y “La noche”; éstas eran firmadas por un artista desconocido –por lo menos para mí- su nombre: Jorge Iván Restrepo, por el apellido supuse que era colombiano. Días después, en el texto que acompaña el catálogo de esa antología dedicada a la artista hondureña María Talavera, escribíamos en reflexión conjunta con el crítico Ramón Caballero, lo siguiente: “nos encontramos con una factura exigente… su obra ya lo anuncia como un activo precursor de un arte responsable”; no era mucho lo que podíamos decir de él y con riesgo de haber visto sólo dos piezas. Tres años después, no me arrepiento de esas apreciaciones y particularmente rescato lo de artista activo y responsable.
Activo, porque desde ese momento no ha parado de trabajar, le han seguido muestras como “Azteca”, “Urdimbre”, participación en la Antología 2004, quedando entre los 14 artistas que fueron seleccionados de 140 que se presentaron. Este año hizo la muestra para ciegos titulada “Más allá de lo tangible”, la muestra “Expolio” y ahora “El mayoreo”, sin contar las participaciones internacionales y los premios que ha ganado en el extranjero. Responsable, porque es un artista con plena conciencia de lo que propone, aunque la excesiva actividad trae riesgos que ya he advertido en ciertos procesos de su trabajo.
Una vez estuve tentado a escribirle una carta que al final no escribí, preferí esperar; hoy puedo anunciar lo que en ese momento quise decirle: que los proyectos “Azteca” y “Urdimbre” me parecían buenos pero excesivamente complementarios, temía que su pintura sólo se quedara en el plano de la sensibilidad visual; pero, como dije antes, decidí esperar, tenía la certeza de que tarde o temprano Restrepo descubriría nuevos senderos para su propuesta artística. Con el “Rompecabezas de Emilio”, pieza con la que participa en la Antología 2004, me dije: “algo se está moviendo en la concepción artística de Restrepo”. Qué cosas había empezado a advertir: en primer lugar, había desplazado la pintura de la pared al piso; en segundo lugar, la pintura se había convertido en un medio y no en un fin como lo fue en sus primeras propuestas; en tercer lugar y sin abandonar la pintura, su obra adquiría rasgos conceptuales adheridos a una tímida pero firme disposición de ir hacia la instalación y al gesto performático. Este cambio de ruta se vio confirmado con las obras “Maquila en galeras” con la cual definía un tratamiento interactivo en la configuración de su nuevo discurso estético, Restrepo se preparaba así para ir de un arte muy personal, estructurado sobre la base de la tradición pictórica, a un arte más colectivo, participativo, estructurado sobre la base de una nueva tradición expresada en lo que hoy se conoce como arte contemporáneo.
He realizado esta breve introducción para demostrar que “El mayoreo” no es una obra improvisada, es la consecuencia lógica de una actividad sostenida y abierta a la experimentación.
Las claves de “El mayoreo”
“El mayoreo” es una gran instalación que ha tenido los siguientes objetivos: llevar el museo al mercado. Esta obra, con una deliberada intención del artista, fue patrocinada por la Fundación para el Museo del Hombre Hondureño y el apoyo de la Embajada de Colombia, pero deseo destacar el patrocinio del museo porque forma parte del concepto de la propuesta: el artista evidenció al museo como algo vivo, interactivo, socialmente integrado, presentó al museo como un concepto y no como un edificio, este concepto fue el de museo como parte de la totalidad social que está allí donde las exigencias históricas y estéticas se funden con la sensibilidad de la colectividad. El museo de la hondureñidad sólo es tal si sale en busca de los espacios donde los hondureños creamos nuestra cultura. El otro objetivo del artista fue llevar el arte al espacio público, hacernos ver que el arte no sólo es aquel objeto que se exhibe en el confort de una galería sino que es experiencia viva, capaz de colonizar todos los rincones de la vida social.
El sólo hecho de salir a la calle es ya una crítica y un cuestionamiento de la función del arte, esta experiencia en el mercado “El mayoreo” enfatiza la relación comunicacional permitiendo que el arte despliegue toda su funcionalidad, su razón de producto de comunicación y no de mera mercancía sujeta a la leyes del mercado y del lucro comercial.
Con todo lo dicho y lo progresivo que es esta obra en el medio nacional, es importante dejar claro que la propuesta de Restrepo sólo pretende modificar el espacio de exhibición habitual de la obra de arte, es decir, en vez de exponer en una galería o en los recintos tradicionales del museo lo hace en el mercado “El Mayoreo”; desde esta perspectiva, la propuesta no nos ofrece ni un arte dramático ni socialmente crítico, sólo nos ofrece un espacio alternativo de exhibición; en correspondencia con esta intención, el trabajo curatorial dejó absolutamente clara esta línea de trabajo, es por ello que seguimos el ritual de las exposiciones que se realizan en los espacios cerrados: tarjeta de invitación, pendón anunciando la muestra, inauguración y cóctel. No fuimos mas allá porque la propuesta del artista se movía estrictamente en esos conceptos pero el sólo hecho de exhibir en el mercado es ya una crítica y un cuestionamiento de la función del arte.
La parodia de la producción social
Reflexionando sobre la forma como el artista fue concibiendo la obra para hacerla funcional en el mercado, observé que existía una correspondencia entre arte y producción social que ya ha sido objeto de estudios clásicos pero que no está mal volver a recordar sobre todo en un medio que tiende a ver al arte como la consagración final de un acto espiritual, casi religioso, sin detenerse a ver que el arte forma parte de la producción social de objetos y que el artista es un productor de imágenes y de objetos como lo es cualquier otra persona en el engranaje productivo. Fischer dice que “el arte es una forma de trabajo y el trabajo es una actividad peculiar de la humanidad”. Por eso en el orden de registro presentamos la siguiente parodia: El artista sacando el producto de su camioneta, el campesino o vendedor sacando las frutas del camión; el artista cargando las cajas con su producto visual, el campesino cargando la caja con su frutas y verduras; el artista acomodando su producto en el espacio del mercado, el campesino acomodando su producto en el mismo espacio; como el artista quería mimetizar las obras con los colores de las frutas, lo que hizo fue tomarse el espacio de los mercaderes teniendo todo el cuidado de no echarlos de su templo. En otras palabras, el proceso de promoción social del producto fue idéntico.
Obra y ambiente: el discurso visual
Revisemos ahora la propuesta plástica, antes dejemos claro que éste no es un discurso sobre frutas, las frutas y verduras son apenas recursos que el artista utiliza para construir su estrategia visual, esta estrategia consiste en integrar la obra al ambiente del mercado, la obra se convierte en una especie de traje camaleón, “cambia de colores según la ocasión”; las frutas fueron el elemento más idóneo para construir esta operación visual pero si observamos bien, notaremos que Restrepo realiza piezas que van a tono con el ambiente general del mercado: lonas, plásticos, objetos, la luz solar, el cielo y hasta la misma gente.
Una de las características del mercado “El mayoreo” es su transparencia, a pesar de ser un mercado abarrotado de productos locales, tiene un orden impecable, donde se lance la mirada, se encontrará con que tiene un campo de visibilidad abierto en cada uno de sus ángulos, el artista acostumbrado a trabajar sobre soportes anchos tuvo el acierto de concebir la obra sobre soportes angostos a manera de listones que contribuyeron a conservar la perspectiva limpia del mercado. Otro aspecto interesante y que forma parte de la relación ambiente-obra es el hecho de que la pintura tiene una organización espacial que se integra a la forma regular con que los vendedores organizan sus productos en el espacio del marcado: orden en la pintura, orden en el mercado y viceversa.
Las obras tienen en su color la vibración y la alegría del mercado. El estilo de su pintura sigue siendo similar a “Urdimbre”, es decir, no presentar el objeto pintado, sino la expresión sensible de ese objeto mediante el color, no presenta la cosa sino el color de las cosas; En “El mayoreo” cambió la técnica, si “Urdimbre” se caracterizó por los tonos brillantes, en “El mayoreo” la pintura es más natural y tiene un tono mate que lo acerca a un matiz precario que tienen las lonas de los estantes que por efecto de luz solar y lluvia se ven desgastadas; en su búsqueda por convertir el soporte en una especie de toldo, el artista llegó al extremo de lavar y restregar la pintura hasta lograr que algunas piezas tuvieran la textura de una vieja lona dura y agreste. Aún en la resolución técnica de la pintura, Restrepo jamás perdió la perspectiva de integrar la obra al ambiente del mercado, perspectiva que como señalé al principio, se deriva de un concepto más general: llevar el museo a la calle, llevar la pintura al mercado, llevar la pintura al polvo, al sol, a la lluvia, al lodo, a la feria del regateo, en otras palabras, cambiar la galería por el toldo, eso que los vendedores llaman el “puesto”, Restrepo nos hace ver que una galería también es un “puesto” de mercado, lugar donde se vende arte con la única diferencia que ésta tiene el brillo de la élite.
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